La locura, bellísima locura para el aficionado neutral, que Thomas Schaaf impregna a su Werder Bremen es de sobra conocida. Se trata de un equipo de autor, que no se entiende sin la influencia de su técnico. Una personalidad, la del Bremen, forjada desde 1999. Y ello, ese juego ofensivo que muy a menudo cae en juego suicida, se nutre y alimenta de un perfil concreto. Ese canalizador ofensivo que nunca falta en el dibujo del equipo que juega a orillas del río Weser: el mediapunta.
Esa figura que ya estuvo presente en 2003, el año donde se gozó del doblete nacional mientras se festejaban los goles de Ailton. Entonces el encargado de mover los hilos entre el mediocampo y los delanteros fue el francés Micoud. Suministrador de balones para el propio Ailton y para Klasnic, Micoud dejó atrás su discreto paso por el Parma y dio rienda suelta a su faceta más creativa, recordando al jugador que había sido en el Girondins de Burdeos. Luego, en 2006, el jugador rehizo su viaje y regresó al Girondins para pasar sus últimos días de fútbol. Pero el Bremen no quedaría huérfano, y contrataría al reconocido Diego Ribas.
El mediapunta brasileño había maravillado previamente en el Santos, formando una dupla diabólica con Robinho, amenaza constante para las defensas rivales. Eso le valió a Diego su salto a Europa, a un Oporto siempre riguroso para vigilar talentos y anticiparse a su contratación antes que nadie. Sin embargo, el resultado fue muy insatisfactorio, más allá de píldoras aisladas que acreditaban el talento de Diego. Suficiente, no obstante, para que el Bremen lo considerara el hombre adecuado para canalizar su torrente ofensivo. Y la apuesta salió redonda, viéndose la gran versión del brasileño. Pero la rueda no para y sigue girando, y mientras Diego agotaba su último año en Bremen Özil empezaba a ganarse un nombre. Con talento pero inconsistencia, el alemán era el nuevo catapultador de los delanteros y socio de los mediocampistas.
Ahora, sin él, la figura del enganche pervive. Una cuestión de estilo, de entender el fútbol. Siempre al ataque, dos delanteros amenazando las redes rivales y un jugador que aporte desequilibrio, asistencias e incluso goles. El turno recae ahora, quizá, en dos protagonistas. Marko Marin y el recién fichado Wesley. Más desequilibrante el primero, más sólido el segundo, son los encargados de mantener esa posición que ha ido cultivando el Bremen. Ese guía que pone orden en el desorden ofensivo de Thomas Schaff.
martes, 28 de septiembre de 2010
miércoles, 22 de septiembre de 2010
El Bayern, a corriente alterna
No cabe duda que de el comienzo de temporada del Bayern está presentando más inseguridades de las previstas. El equipo, tras rehacerse el año pasado hasta llegar a niveles sobresalientes, se presentaba con pie firme esta temporada. Sin embargo, su bagaje en la Bundesliga dibuja un equipo de paso inseguro, inconstante.
Como si su funcionamiento respondiera a chispazos, a momentos aislados de verdadero poder, el equipo de Louis Van Gaal ha atravesado distintas pruebas. Momentos de debilidad y otros, simplemente, de frustración. El día del debut ante el Wolfsburgo vimos a un equipo seguro de sí mismo en la primera mitad, siguiendo la senda de la temporada precedente. Sin embargo, el cuadro se emborronó en el momento EN que el campeón de hace dos años dio un paso adelante, liderados por Dzeko. Al final, un gol in extremis de Schweinsteiger recuperó un resultado que se había perdido junto a la iniciativa en el juego. Tras ello llegó Kaiserslautern, y aunque el resultado de 2-0 fue doloroso, también fue severo. A pesar de la numerosas llegadas a la puerta rival, en especial en la segunda parte, el Bayern debió penar su falta de acierto, además del minuto de soberbia inspiración que vivió Ilicevic. Los síntomas fueron buenos, la puntería mala.
Luego se vivieron dos empates a cero, ante Bremen y Colonia, en el Allianz Arena. El Bayern seguía sin arrancar en la clasificación. Y llegó el partido de ayer, ante el Hoffenheim. Tal vez fueron los minutos más decepcionantes del equipo. Previsible, lento y sin movilidad, hubo que esperar a la segunda parte para notar una mejoría, la que propició la entrada de Olic, quien durante los primeros 15 minutos del segundo tiempo aportó precisamente aquello de lo que carecía el Bayern. Sin embargo, este efecto renovador se fue apagando hasta que el partido quedo sin dueño. Al final, sin ideas pero con empuje, los bávaros alcanzaron un nuevo triunfo sobre la hora.
Y todo ello se da con Robben fuera del equipo, lesionado. El Bayern marcha estos días a tirones, y Robben habría sido ese jugador capaz de suministrar las descargas adecuadas a los rivales. Recargar el mecano bávaro para que marchara menos tambaleante. Sin él, el equipo va a media luz. Con los chispazos de Müller, cierto, pero chispazos que son importantes pero no siempre suficientes. Sin el holandés y ahora también sin Ribery, al Bayern le toca encender el interruptor.
Como si su funcionamiento respondiera a chispazos, a momentos aislados de verdadero poder, el equipo de Louis Van Gaal ha atravesado distintas pruebas. Momentos de debilidad y otros, simplemente, de frustración. El día del debut ante el Wolfsburgo vimos a un equipo seguro de sí mismo en la primera mitad, siguiendo la senda de la temporada precedente. Sin embargo, el cuadro se emborronó en el momento EN que el campeón de hace dos años dio un paso adelante, liderados por Dzeko. Al final, un gol in extremis de Schweinsteiger recuperó un resultado que se había perdido junto a la iniciativa en el juego. Tras ello llegó Kaiserslautern, y aunque el resultado de 2-0 fue doloroso, también fue severo. A pesar de la numerosas llegadas a la puerta rival, en especial en la segunda parte, el Bayern debió penar su falta de acierto, además del minuto de soberbia inspiración que vivió Ilicevic. Los síntomas fueron buenos, la puntería mala.
Luego se vivieron dos empates a cero, ante Bremen y Colonia, en el Allianz Arena. El Bayern seguía sin arrancar en la clasificación. Y llegó el partido de ayer, ante el Hoffenheim. Tal vez fueron los minutos más decepcionantes del equipo. Previsible, lento y sin movilidad, hubo que esperar a la segunda parte para notar una mejoría, la que propició la entrada de Olic, quien durante los primeros 15 minutos del segundo tiempo aportó precisamente aquello de lo que carecía el Bayern. Sin embargo, este efecto renovador se fue apagando hasta que el partido quedo sin dueño. Al final, sin ideas pero con empuje, los bávaros alcanzaron un nuevo triunfo sobre la hora.
Y todo ello se da con Robben fuera del equipo, lesionado. El Bayern marcha estos días a tirones, y Robben habría sido ese jugador capaz de suministrar las descargas adecuadas a los rivales. Recargar el mecano bávaro para que marchara menos tambaleante. Sin él, el equipo va a media luz. Con los chispazos de Müller, cierto, pero chispazos que son importantes pero no siempre suficientes. Sin el holandés y ahora también sin Ribery, al Bayern le toca encender el interruptor.
martes, 17 de agosto de 2010
Los catedráticos de Old Trafford
Vivimos en los tiempos de la velocidad, de la impaciencia. De ahí que se valore enormemente la precocidad. En el fútbol parece que solo existe el hoy, el mañana ya es desfasado, desechable. Buscamos continuamente genios precoces, chavales adolescentes que deslumbren por su juego. Parece que aquél que no haya despuntado a los 25 ya no sirve, o que aquél que supera la treintena, aunque ya haya demostrado su valía, debe dejar el paso a los más jóvenes. Una rueda que gira y gira sin opción a que se detenga, que no entiende de sentimentalismos. ¿Reflejo de una cultura consumista?
Por suerte, lo puro vence a cualquier tendencia, a cualquier superficialidad. Por suerte, aún gozamos de jugadores rebeldes ante la tendencia. Jugadores empapados de calidad y clase, que suman con los años experiencia y sabiduría. Atributos que golpean en la cara de aquéllos que sólo pueden ver en los años razones para jubilaciones anticipadas.
Las temporadas de sir Alex Ferguson en Old Trafford se acumulan con tanta naturalidad que parece que el tiempo no pasase. Y como miembros ejemplares de esa inmortalidad, Paul Scholes y Ryan Giggs siguen sentando cátedra. Siguen enseñando en los mejores auditorios del mundo del fútbol. Y como espectadores privilegiados, encontramos la audiencia que cada dos semanas busca acomodo en el Teatro donde dos tipos hacen realidad los más bellos sueños.
Anoche el United debutó en la presente Premier League superando a un Newcastle de regreso a la élite (3-0). Scholes volvió a ser el mejor, como en la Community Shield, dando una lección de pases y dirección de juego. A eso se sumó la jugada del partido: el pase del pelirrojo para que Giggs, entrado en la segunda parte, anotara un gol, como ya ha hecho al menos una vez en las 18 ediciones anteriores de la Premier League.
Una conexión entre dos ejemplos calzados con botas de fútbol, dos tipos cuya suma de años es sinónimo de suma de sabiduría. Las canas, también, son imprescindibles en el fútbol.
Por suerte, lo puro vence a cualquier tendencia, a cualquier superficialidad. Por suerte, aún gozamos de jugadores rebeldes ante la tendencia. Jugadores empapados de calidad y clase, que suman con los años experiencia y sabiduría. Atributos que golpean en la cara de aquéllos que sólo pueden ver en los años razones para jubilaciones anticipadas.
Las temporadas de sir Alex Ferguson en Old Trafford se acumulan con tanta naturalidad que parece que el tiempo no pasase. Y como miembros ejemplares de esa inmortalidad, Paul Scholes y Ryan Giggs siguen sentando cátedra. Siguen enseñando en los mejores auditorios del mundo del fútbol. Y como espectadores privilegiados, encontramos la audiencia que cada dos semanas busca acomodo en el Teatro donde dos tipos hacen realidad los más bellos sueños.
Anoche el United debutó en la presente Premier League superando a un Newcastle de regreso a la élite (3-0). Scholes volvió a ser el mejor, como en la Community Shield, dando una lección de pases y dirección de juego. A eso se sumó la jugada del partido: el pase del pelirrojo para que Giggs, entrado en la segunda parte, anotara un gol, como ya ha hecho al menos una vez en las 18 ediciones anteriores de la Premier League.
Una conexión entre dos ejemplos calzados con botas de fútbol, dos tipos cuya suma de años es sinónimo de suma de sabiduría. Las canas, también, son imprescindibles en el fútbol.
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miércoles, 16 de junio de 2010
Josimar, 24 años después
Una anomalía rodeaba a Brasil. Bajo un fútbol y una cultura en donde los laterales son parte natural del juego ofensivo, los laterales derechos habían acumulado una deuda que con Cafú entre medias aún no se había saldado. Hasta ayer. Tras 24 años, un lateral derecho volvía a ser goleador en una Copa del Mundo. Ayer, Maicon actualizó ese logro y con ello recuperó a Josimar.
Que Josimar Higinio Pereira tuviera inscrito su nombre en la historia de Brasil se debe, como muchas veces, a una mezcla de méritos propios y de casualidades ajenas. El lateral vio su participación en México 86 con tanta sorpresa que en un primer momento pensó que se trataba de una broma. Y no sólo fue inesperado para él, sino también para la mayoría. Con dos nombres que en principio se anteponían, Leandro y Edson, el concurso de nuestro lateral era imprevisto. Pero Josimar, de 24 años, vio cómo Leandro no viajaba a México por discrepancias con su seleccionador mientras que Edson sufría el infortunio de una lesión. Ahí estaba él, bajo un foco mundial donde mostrar sus cualidades tal y como venía haciendo en su club, el Botafogo.
Y no desaprovechó esta oportunidad para asombrar con sus misiles con la derecha. Como el que incrustó el balón en la escuadra de Irlanda del Norte en el último partido de la primera fase, el primero de los dos goles que vería el Estadio Jalisco de Guadalajara. Y llegaron los Octavos de Final frente al Polonia, a donde se remonta este pequeño recuerdo, este pequeño capítulo en la reciente historia canarinha. Fue una cabalgada, un acto de osadía y fe en donde pisó área, apuró y cuando no se esperaba el balón salió rabioso y directo a la portería polaca. Sí, casi un calco al gol de ayer de Maicon, lo que eleva el gol contra Corea del Norte a casi homenaje. Y aún se podría haber redondeado más el hecho si en lugar de ser 15 de junio hubiera sido 16 (fecha de ese Brasil-Polonia).
Esos dos tantos en México fueron los únicos que finalmente cosechó Josimar con Brasil en 16 internacionalidades. Tras el Mundial prosiguió en el Botafogo tras unas tensas relaciones que venían de atrás y que no duraron mucho más. En el 88 dio el salto España, al Sevilla, en una experiencia de un año. Tras ello, una sucesión de equipos adornaron su carrera. Y hoy lo vemos de nuevo en el Botafogo, esta vez como miembro del cuerpo técnico. Sin duda, éste era el Mundial propicio para encontrar sucesor a Josimar, con Maicon y Dani Alves como inmejorables candidatos. El del Inter se llevó el premio y, nosotros, el recuerdo de unos de los muchísimos capítulos en la Historia de los Mundiales.
Que Josimar Higinio Pereira tuviera inscrito su nombre en la historia de Brasil se debe, como muchas veces, a una mezcla de méritos propios y de casualidades ajenas. El lateral vio su participación en México 86 con tanta sorpresa que en un primer momento pensó que se trataba de una broma. Y no sólo fue inesperado para él, sino también para la mayoría. Con dos nombres que en principio se anteponían, Leandro y Edson, el concurso de nuestro lateral era imprevisto. Pero Josimar, de 24 años, vio cómo Leandro no viajaba a México por discrepancias con su seleccionador mientras que Edson sufría el infortunio de una lesión. Ahí estaba él, bajo un foco mundial donde mostrar sus cualidades tal y como venía haciendo en su club, el Botafogo.
Y no desaprovechó esta oportunidad para asombrar con sus misiles con la derecha. Como el que incrustó el balón en la escuadra de Irlanda del Norte en el último partido de la primera fase, el primero de los dos goles que vería el Estadio Jalisco de Guadalajara. Y llegaron los Octavos de Final frente al Polonia, a donde se remonta este pequeño recuerdo, este pequeño capítulo en la reciente historia canarinha. Fue una cabalgada, un acto de osadía y fe en donde pisó área, apuró y cuando no se esperaba el balón salió rabioso y directo a la portería polaca. Sí, casi un calco al gol de ayer de Maicon, lo que eleva el gol contra Corea del Norte a casi homenaje. Y aún se podría haber redondeado más el hecho si en lugar de ser 15 de junio hubiera sido 16 (fecha de ese Brasil-Polonia).
Esos dos tantos en México fueron los únicos que finalmente cosechó Josimar con Brasil en 16 internacionalidades. Tras el Mundial prosiguió en el Botafogo tras unas tensas relaciones que venían de atrás y que no duraron mucho más. En el 88 dio el salto España, al Sevilla, en una experiencia de un año. Tras ello, una sucesión de equipos adornaron su carrera. Y hoy lo vemos de nuevo en el Botafogo, esta vez como miembro del cuerpo técnico. Sin duda, éste era el Mundial propicio para encontrar sucesor a Josimar, con Maicon y Dani Alves como inmejorables candidatos. El del Inter se llevó el premio y, nosotros, el recuerdo de unos de los muchísimos capítulos en la Historia de los Mundiales.
lunes, 14 de junio de 2010
Green, su fallo y distracciones
Robert Paul Green se ha convertido en el nombre de esta Copa del Mundo. En el alimento ideal y propicio para esa prensa inglesa sensacionalista, esos tabloides que buscan la fatalidad ajena para el beneficio propio. Una burla, un desprecio incluso, que omite muchos pequeños debates. ¿Cómo no se consigue que Gerrard y Lampard se compenetren? ¿Cómo el gran goleador inglés, Rooney, debe abandonar el área para casi vestirse de centrocampista? ¿Cómo no hay alternativa mejor para la izquierda que Wright-Phillips? Muchos detalles, muchos matices ocultos. Para qué moderar la críticas y extender responsabilidades si Bob Green lo ha puesto tan a huevo.
No puedo dejar de preguntarme por qué todo el mundo recordará el fallo en el 1-1 y no su acierto para evitar el 1-2. O por qué nadie culpará a Heskey por fallar ante Howard con la misma saña con la que se culpa a Green. Sí, ya sé cómo está montado el fútbol, ya sé que el puesto de portero es especial. Pero aunque predique por el desierto mantendré firme la convicción de que nadie debe cargar con más responsabilidad de la justa, ni que otros se vayan de rositas.
Inglaterra no empató por Green. O mejor dicho, no empató sólo por ello. Empató porque Gerrard y Lampard jugaron más retrasados de lo normal, desnaturalizados y perdiendo la influencia de sus clubes. O porque Wright-Phillips fue el elegido para atacar por la izquierda, mostrándose en esa banda como un jugador ortopédico. O porque relacionado con lo del mediocentro, el mejor atacante de Inglaterra debió hacer lo suyo además de armar el juego. Son muchos los factores que condicionan el desarrollo de un partido, unos más evidente y otros menos. Por ello defiendo hoy a Green, porque uno se harta de que un portero sea ridiculizado mientras que los medios que no crean juego o los delanteros que arruinan ocasiones pasen de puntillas. Que cada uno se haga responsable de lo suyo, ni más ni menos.
No puedo dejar de preguntarme por qué todo el mundo recordará el fallo en el 1-1 y no su acierto para evitar el 1-2. O por qué nadie culpará a Heskey por fallar ante Howard con la misma saña con la que se culpa a Green. Sí, ya sé cómo está montado el fútbol, ya sé que el puesto de portero es especial. Pero aunque predique por el desierto mantendré firme la convicción de que nadie debe cargar con más responsabilidad de la justa, ni que otros se vayan de rositas.
Inglaterra no empató por Green. O mejor dicho, no empató sólo por ello. Empató porque Gerrard y Lampard jugaron más retrasados de lo normal, desnaturalizados y perdiendo la influencia de sus clubes. O porque Wright-Phillips fue el elegido para atacar por la izquierda, mostrándose en esa banda como un jugador ortopédico. O porque relacionado con lo del mediocentro, el mejor atacante de Inglaterra debió hacer lo suyo además de armar el juego. Son muchos los factores que condicionan el desarrollo de un partido, unos más evidente y otros menos. Por ello defiendo hoy a Green, porque uno se harta de que un portero sea ridiculizado mientras que los medios que no crean juego o los delanteros que arruinan ocasiones pasen de puntillas. Que cada uno se haga responsable de lo suyo, ni más ni menos.
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