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viernes, 6 de octubre de 2017

Argentina, la barrera de Messi

Con Bauza o con Sampaoli. En el Monumental de River Plate o en La Bombonera de Boca Juniors. Con Dybala o el 'Papu' Gómez. Con Higuaín o con Benedetto. Da igual. Argentina, desde hace mucho, es un eficaz cirujano que lobotomiza a todos, que diluye identidades. Una despersonalización de la que escapa Messi, el único reconocible. Es la otra constante, la fuerza que se opone para prevalecer. Pero ni eso basta. Argentina no pasó del 0-0 ante Perú y el Mundial de 2018 sigue en el aire. Cierra la fase de clasificación en Ecuador y depende de sí misma para no caer eliminada.

miércoles, 12 de abril de 2017

Allegri y Dybala hacen lo que quieren

Teníamos el aviso. Sabíamos cómo se estaban comportando Juventus y Barcelona. Los italianos, fiables, son impecables en casa y los catalanes, más inestables que nunca con Luis Enrique, ya han resbalado en grandes escenarios. Ambas cosas se evidenciaron y los de Allegri escribieron el discurso del partido. Lo hicieron desde lo posicional hasta lo estructural, desde la altura del bloque hasta el sistema de juego. Este carácter racional y calculador, alejado del más emotivo del PSG, hace que el 3-0 sea un listón difícil de saltar por el Barcelona en el Camp Nou.

viernes, 11 de noviembre de 2016

El miedo y los puntos

Argentina está a un solo punto de la clasificación directa y quedan 21 por disputar. Y sin embargo se respira pesimismo, miedo. El bloqueo que sufre la selección la descompone. La vemos disfuncional en lo colectivo y amilanada en lo individual. Ni Messi es reconocible. En Belo Horizonte era la esperanza y acabó disuelto en un grupo transparente. La costa queda cerca, pero cualquier orilla parece inalcanzable si no se sabe nadar. Y la albiceleste no sabe. Sus movimientos parecen aleatorios, tan instintivos como inadecuados. Bracea con agonía. Ante Brasil tragó agua. Tose y se angustia. No es novedad.

Argentina llegaba tras perder ante Paraguay en Córdoba (0-1) y replicó las mismas carencias: un equipo atascado y perdido sin capacidad de creación. Aquella noche acabó el partido con un único medio, Mascherano, y 5 atacantes. Un desequilibrio desesperado. La táctica manda mensajes que afectan al ánimo. Sin ideas, solo queda un empuje que acaba siendo barullo y poco más. Tras aquella deforestación, Bauza reforzó el mediocampo ante Brasil. Pero dio igual. El juego con Enzo o Biglia fue tan plano como lo fue con Banega. Es una señal terrible. Al equipo le falta ser un grupo cohesionado con una organización solvente. La Brasil de Tite, que va de victoria en victoria, sí lo es. El 2-0 al descanso se explicaba así. Unos habían explotado sus virtudes y otros habían penado sus carencias.

La segunda parte hizo más dolorosa la impotencia de Argentina. Llegó el 3-0 y suerte tuvo de que la cuenta se quedara ahí. El equipo ya estaba roto, hecho un guiñapo. Apenas Di María sí dio unas pinceladas. Mientras, Messi andaba perdido, cansado de no jugar. Tiene que liderar a Argentina pero en realidad la carga. Y ambas partes, grupo y líder, salen perjudicadas en una mezcla de desorientación y frustración. Se respira pesimismo, miedo. Y sin embargo Argentina está a un solo punto de la clasificación directa y quedan 21 por disputar.

"La derrota es durísima. No pensábamos terminar 3-0. Pensábamos en un partido parejo, peleado en la mitad de la cancha. En el primer tiempo tuvimos juego y llegamos tres veces, pero en el segundo nos costó muchísimo. El partido se quiebra para mí en el 2-0. Ahí tuve que arriesgar y Zabaleta quedó muy solo (entró Agüero por Enzo Pérez), a Brasil se le quedaron muchos espacios. Estamos con fuerza, sabemos que la clasificación depende de nosotros". 
Edgardo Bauza en Rueda de Prensa

"Tengo bronca por el resultado y por el partido. Hasta el 1-0 estábamos bien parados, no pasaba nada. Después de eso nos costó muchísimo y el segundo nos terminó de liquidar. Nos desordenamos, nos empezamos a desesperar. Le dejamos muchos espacios a Brasil cuando sabíamos que no lo teníamos que hacer. Cuando nos golpean nos cuesta reaccionar. Hay que pensar en Colombia siendo conscientes de que hay que cambiar muchísimo para que esta situación cambie. Para el martes hay que trabajar sobre todo la cabeza. Hay que pensar en positivo y en cambiar esta situación de mierda que estamos viviendo".
Leo Messi en Zona Mixta

domingo, 12 de abril de 2015

Competir tras someter

Como es normal, uno no siempre coincide con las valoraciones de Luis Enrique. Esas ocasiones responden ante algún análisis, en mi opinión, demasiado positivo en algún partido concreto. Esta vez, sin embargo, tras el empate a dos entre Sevilla y Barcelona en el Sánchez Pizjuán, sí suscribo sus palabras. “En la primera parte fuimos netamente superiores, con muy buen fútbol. Lástima los 3' en que perdemos el control. La segunda es una parte más disputada, equilibrada, en la que los dos hemos tenido opciones pero ninguno ha sido superior", resumió. Esa fue mi sensación en directo y, echando un segundo vistazo, la he confirmado.

El Barça sometió al Sevilla con presión, anticipación y posesión. Los de Emery parecieron salir con más cautela que combatividad, pero cualquier intento por rectificarse era difícil con ese Barcelona funcionando a tope. El Sevilla se revitalizó con el 1-2 y estresó al Barça antes del descanso. Tras él, el Sevilla mantuvo su mejor cara y el Barça, sin el dominio de sus mejores minutos, supo aguantar. Los errores individuales penalizaron el trabajo colectivo. Es esta segunda parte la que más me interesaba repasar. ¿Hasta qué punto desbordó el Sevilla? ¿Cómo decayó el Barça? ¿Hubo vuelco o equilibrio? Con esas dudas visioné ese segundo tiempo y pude ir respondiendo a esas cuestiones.

La continuidad pretendida. El inicio de la segunda parte fue positivo. Así, el Barcelona salió bien mentalizado. Cuidaba las posesiones largas, buscando y encontrando a Iniesta, enlace entre defensa y ataque. Precisamente en una de esas intervenciones Iniesta primero y Luis Suárez después tuvieron el 1-3 ante Rico. El Barcelona habría cerrado el partido a través de un buen regreso del descanso.

Pese a eso, la actitud del Sevilla ya se veía distinta. Fue avanzando sus líneas y a veces encadenaba aproximaciones. Eso, claro, provocaba espacios que intentó aprovechar el Barça en alguna transición rápida Iniesta-Messi. Con un rival más incómodo, el Barça nunca perdió su predisposición a la posesión para volver a recuperar el dominio y enfriar al rival. El equipo intentaba volver al escenario de la primera parte, con control, anticipación y recuperaciones adelantadas. Lo lograba por momentos, pero el Sevilla no permitía su continuidad.

El liderazgo de Aleix Vidal. El Sevilla, ya decimos, subía sus líneas y, más allá del posicionamiento en sí, se exhibía con más vigor. Ahí, la agresividad y velocidad de Aleix Vidal inflamaba a su equipo hasta el punto de ser el jugador que verdaderamente podía resultar incontrolable para el Barcelona. Tanto fue así que él sería quien asistiera más adelante para el 2-2 de Gameiro.

La resistencia. Cuando al Barça le tocaba recibir las embestidas sevillistas lo conseguía resolver con general acierto, aunque hubiera algún desajuste puntual. El equipo era apretado y exigido, pero no acababa de ser desbordado. La concentración era buena y las vigilancias no fallaban. En esta faceta cabe señalar a un Mathieu poco sutil pero atento y contundente, con trabajo pero bien resuelto. Así podríamos caracterizar al Barcelona cuando el Sevilla, vertical y decidido, salía al ataque. Todo ese intercambio de intenciones quedó superado por un accidente, el mal pase de Piqué que activó a un Reyes rápido y participativo para tocar a la carrera de Vidal para el gol de Gameiro.

El cambio. En esa segunda parte de alternancia, Luis Enrique quiso reforzar el control con la posesión. Sobre todo, según lo visto, hacerla continua y no por fases. Así, se juntaron Xavi y Busquets en el centro con Iniesta y Rakitic en los interiores. Messi, como siempre, era otro centrocampista que sumar, el quinto. Ese intento por ganar dominio y enfriar al rival no surtió efecto. El Barça no conservó más o mejor la pelota y prevaleció el ímpetu del Sevilla. Surgen dos preguntas sobre la naturaleza del cambio y a la identidad del sustituido. En cuanto a lo primero, otras veces Luis Enrique se ‘abandonó’ al intercambio de golpes, lo aceptó con agrado, como el día del City en el Camp Nou (“si el rival prefiere arriesgar, con el potencial que tenemos arriba, no les voy a decir que se paren"). Ayer no. Puede deducirse que fue debido al respeto que le daba el poder y velocidad del Sevilla, con Vidal como paradigma de esa amenaza que preocuparía a Luis Enrique. Referido al sustituido, se trató de un delantero. En concreto, Neymar. Con un Suárez cegado en el remate y un Neymar ligero y hábil, es normal cuestionar si el brasileño debió ser el jugador cambiado. De cualquier modo, aunque el cambio no tuvo los efectos buscados, con la jugada del 2-2 como gran detonador imprevisto del plan, su intención era razonable.

Sabor final. Aunque este empate sea más convincente que las victorias precedentes, distingo dos motivos por los cuales el partido dejó una mala sensación. No son otros que el juego y el resultado. La actuación espléndida del Barça en gran parte de la primera mitad jugó luego en su contra. Hizo parecer que la segunda parte se jugó peor de lo que realmente se hizo. Y por todo lo ya explicado se jugó una inferior pero buena segunda mitad. Luego, el empate cerca del final que dejaba próximo al Madrid y sin premio a tantos buenos minutos no puede provocar otra sensación que la frustración y la rabia. Todo junto hizo del postpartido algo más amargo que lo que dictaría el juego.