Con Bauza o con Sampaoli. En el Monumental de River Plate o en La Bombonera de Boca Juniors. Con Dybala o el 'Papu' Gómez. Con Higuaín o con Benedetto. Da igual. Argentina, desde hace mucho, es un eficaz cirujano que lobotomiza a todos, que diluye identidades. Una despersonalización de la que escapa Messi, el único reconocible. Es la otra constante, la fuerza que se opone para prevalecer. Pero ni eso basta. Argentina no pasó del 0-0 ante Perú y el Mundial de 2018 sigue en el aire. Cierra la fase de clasificación en Ecuador y depende de sí misma para no caer eliminada.
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viernes, 6 de octubre de 2017
viernes, 11 de noviembre de 2016
El miedo y los puntos
Argentina está a un solo punto de la clasificación directa y quedan 21 por disputar. Y sin embargo se respira pesimismo, miedo. El bloqueo que sufre la selección la descompone. La vemos disfuncional en lo colectivo y amilanada en lo individual. Ni Messi es reconocible. En Belo Horizonte era la esperanza y acabó disuelto en un grupo transparente. La costa queda cerca, pero cualquier orilla parece inalcanzable si no se sabe nadar. Y la albiceleste no sabe. Sus movimientos parecen aleatorios, tan instintivos como inadecuados. Bracea con agonía. Ante Brasil tragó agua. Tose y se angustia. No es novedad.
Argentina llegaba tras perder ante Paraguay en Córdoba (0-1) y replicó las mismas carencias: un equipo atascado y perdido sin capacidad de creación. Aquella noche
acabó el partido con un único medio, Mascherano, y 5 atacantes. Un
desequilibrio desesperado. La táctica manda mensajes que afectan al ánimo. Sin ideas, solo queda un empuje que acaba
siendo barullo y poco más. Tras aquella deforestación, Bauza reforzó el mediocampo ante Brasil.
Pero dio igual. El juego con Enzo o Biglia fue tan plano como lo fue con Banega. Es una señal terrible. Al equipo le falta ser un grupo cohesionado con una organización solvente. La Brasil de Tite, que va de victoria en victoria, sí lo es. El 2-0 al descanso se explicaba así. Unos habían explotado sus virtudes y otros habían penado sus carencias.
La segunda parte hizo más dolorosa la impotencia de Argentina. Llegó el 3-0 y suerte tuvo de que la cuenta se quedara ahí. El equipo ya estaba roto, hecho un guiñapo. Apenas Di María sí dio unas pinceladas. Mientras, Messi andaba perdido, cansado de no jugar. Tiene que liderar a Argentina pero en realidad la carga. Y ambas partes, grupo y líder, salen perjudicadas en una mezcla de desorientación y frustración. Se respira pesimismo, miedo. Y sin embargo Argentina está a un solo punto de la clasificación directa y quedan 21 por disputar.
"La derrota es durísima. No pensábamos terminar 3-0. Pensábamos en un partido parejo, peleado en la mitad de la cancha. En el primer tiempo tuvimos juego y llegamos tres veces, pero en el segundo nos costó muchísimo. El partido se quiebra para mí en el 2-0. Ahí tuve que arriesgar y Zabaleta quedó muy solo (entró Agüero por Enzo Pérez), a Brasil se le quedaron muchos espacios. Estamos con fuerza, sabemos que la clasificación depende de nosotros".
Edgardo Bauza en Rueda de Prensa
"Tengo bronca por el resultado y por el partido. Hasta el 1-0 estábamos bien parados, no pasaba nada. Después de eso nos costó muchísimo y el segundo nos terminó de liquidar. Nos desordenamos, nos empezamos a desesperar. Le dejamos muchos espacios a Brasil cuando sabíamos que no lo teníamos que hacer. Cuando nos golpean nos cuesta reaccionar. Hay que pensar en Colombia siendo conscientes de que hay que cambiar muchísimo para que esta situación cambie. Para el martes hay que trabajar sobre todo la cabeza. Hay que pensar en positivo y en cambiar esta situación de mierda que estamos viviendo".
Leo Messi en Zona Mixta
sábado, 2 de julio de 2011
Una Argentina perdida
Se esperaba con mucha curiosidad el estreno de Argentina en la pasada madrugada (horario español). No sólo por tratarse de la anfitriona, que de por sí ya lleva una exigencia extra, sino por tratarse de quien es, un referente futbolístico mundial ahora en proceso de reencuentro. Acabada la inconsistente etapa con Diego Armando Maradona, Argentina abrió un nuevo ciclo con el Checho Batista. La ilusión ante el cambio suele ser automática, y si viene a ocupar el banquillo el último técnico con triunfo nacional (Oro olímpico en 2008) las esperanzas surgen. Así se presentaba Argentina, buscando su grandeza y pareciendo encontrarla en el sensacional partido contra España (4-1), o las victorias ante Brasil y Portugal. Pero en el estreno de ayer reaparecieron una escasez de recursos que se pensaban olvidados.
El partido marcó desde el inicio, sin opción de duda, el papel de ambos equipos. Era Argentina la que quería la pelota y llevar la iniciativa, mientras Bolivia aplicaba el orden táctico deseado por su técnico Gustavo Quinteros. El juego de la albiceleste resultaba demasiado previsible. Se vieron varios problemas: poco juego asociativo, lentitud en la circulación y unos jugadores estáticos que no favorecían el dinamismo y la sorpresa. Con ello, Bolivia se defendía con perfecto resultado gracias al trabajo colectivo y las ayudas constantes. Ni la debilidad de Gutiérrez en el lateral zurdo ni los numerosos saques de esquina solucionaron el atasco argentino. De esa monotonía quiso salirse Messi, con una evidente motivación. Era el único que aceleraba el juego, atacando o dirigiendo, buscando el desborde sin renunciar a la asistencia. No resultó suficiente, y con una Bolivia segura de su plantemiento tocó el tiempo de descanso.
Las opciones para reflotar a Argentina parecía que pasaban por la entrada de Pastore, para poder enriquecer el juego asociativo y ganar los compañeros un socio. El cambio fue sin embargo la entrada de Di María por Cambiasso. Debatible cambio, porque si el partido se desarrollaba desde la posesión local, ¿por qué renunciar a Cambiasso y no a Mascherano? Con el movimiento hecho, eliminabas toque y sumabas talento individual. Más que retocar el plan expuesto, se sustituía. Y tras la bomba del gol boliviano al reinicio, Batista insistió con el mensaje. Se marchó Lavezzi y entró el Kun. Suma de atacantes como solución, resignarse al juego y empujar hasta el gol. Kun, eléctrico firmó un extraordianrio gol para salvar al menos el empate, un violento voleón sin opción de respuesta de Arias.
Queda una Argentina en la que tocaría reflexionar más allá del decepcionante resultado. Su comportamiento y las medidas de Batista desconciertan. Reunión de atacantes, soluciones individuales, un mediocampo despoblado y un Messi obligado a retrasarse demasiado y multiplicarse en tareas hasta el punto de que su figura se reduce. Una parálisis en Argentina, como anclada en su pasado más reciente. Con esas características, lo malo ya no es que Argentina se parezca poco al Barça, como desea el seleccionador, sino que recuerda demasiado al equipo de Maradona. Un año después, Argentina recae en sus defectos.
El partido marcó desde el inicio, sin opción de duda, el papel de ambos equipos. Era Argentina la que quería la pelota y llevar la iniciativa, mientras Bolivia aplicaba el orden táctico deseado por su técnico Gustavo Quinteros. El juego de la albiceleste resultaba demasiado previsible. Se vieron varios problemas: poco juego asociativo, lentitud en la circulación y unos jugadores estáticos que no favorecían el dinamismo y la sorpresa. Con ello, Bolivia se defendía con perfecto resultado gracias al trabajo colectivo y las ayudas constantes. Ni la debilidad de Gutiérrez en el lateral zurdo ni los numerosos saques de esquina solucionaron el atasco argentino. De esa monotonía quiso salirse Messi, con una evidente motivación. Era el único que aceleraba el juego, atacando o dirigiendo, buscando el desborde sin renunciar a la asistencia. No resultó suficiente, y con una Bolivia segura de su plantemiento tocó el tiempo de descanso.
Las opciones para reflotar a Argentina parecía que pasaban por la entrada de Pastore, para poder enriquecer el juego asociativo y ganar los compañeros un socio. El cambio fue sin embargo la entrada de Di María por Cambiasso. Debatible cambio, porque si el partido se desarrollaba desde la posesión local, ¿por qué renunciar a Cambiasso y no a Mascherano? Con el movimiento hecho, eliminabas toque y sumabas talento individual. Más que retocar el plan expuesto, se sustituía. Y tras la bomba del gol boliviano al reinicio, Batista insistió con el mensaje. Se marchó Lavezzi y entró el Kun. Suma de atacantes como solución, resignarse al juego y empujar hasta el gol. Kun, eléctrico firmó un extraordianrio gol para salvar al menos el empate, un violento voleón sin opción de respuesta de Arias.
Queda una Argentina en la que tocaría reflexionar más allá del decepcionante resultado. Su comportamiento y las medidas de Batista desconciertan. Reunión de atacantes, soluciones individuales, un mediocampo despoblado y un Messi obligado a retrasarse demasiado y multiplicarse en tareas hasta el punto de que su figura se reduce. Una parálisis en Argentina, como anclada en su pasado más reciente. Con esas características, lo malo ya no es que Argentina se parezca poco al Barça, como desea el seleccionador, sino que recuerda demasiado al equipo de Maradona. Un año después, Argentina recae en sus defectos.
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